Así estaba la mesa por la tarde, pasada las 4. Esto fue el domingo, tarde soleada pero fría, conociendo parientes y lugares me salí de la rutina, bien que hace, para despejar la mente, como siempre se dice. Parece (y es) una tarde de grandes. Las tacitas las delatan.
Y es bueno ausentarse de la "cotidianeidad". Y entre charlas y anécdotas y risas conseguí entender un poco mas el pasado. Ese que uno va armando de a poco, si realmente vale la pena.
Si no fuera por mi sobrina/prima segunda me dormía; ese sol por la ventana me invitaba al mundo onírico. Y yo quería caer pero seria como de mala educación. De vuelta en el auto lo mismo, solo que el cansancio me llamaba.
A diferencia de estas tacitas vespertinas, nuestros momentos quedaron lleno de emociones y felicidad, recuerdos que iban y venían; y fue bueno conocer mas del árbol genealógico... y todavía falta, que se dará con el tiempo. Buenas ramas hay.
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